Vizcaya

Testimonio de Carlos Tercero, director de Franquicia Barymont Vizcaya

Corría el año 2000 cuando fui diagnosticado, a una edad demasiado temprana, de una enfermedad invalidante.

Mi interior se convirtió en un carrusel emocional, con el paso del tiempo descubrí que fue mucho más limitante que el propio diagnostico que me dieron los médicos. Empecé a preocuparme por algo que no había tenido importancia hasta ese momento. El futuro. El de los míos, y el mío propio.

Pensaba que podría con todo lo que me trajera la vida pero cuando te pone en una silla de ruedas tu perspectiva cambia radicalmente. Nunca piensas que algo así te puede ocurrir. Sabes que esas cosas les pasan a otros, pero no a ti. A ti nunca. Eso es imposible. En la vida no hay nada imposible amigos. Ni para lo bueno, ni para lo “no tan bueno”.

Descubrir que eres dependiente fue el mazado más duro que puede recibir un deportista exigente. Tu voluntad va por un lado pero tu cuerpo va por otro completamente opuesto. Pasé de hacer 50 dominadas a no poder hacer algo tan simple como abrir el tapón de una botella de refresco o ponerme unos simples calcetines.

Llegado un momento así es más fácil pensar en los demás, al no poder valerme por mi mismo iba a condicionar la vida de las personas que más quiero. Tienes que ser consciente de que esto te puede ocurrir a ti también.

¿Tiene que llegar a darse ese momento para darnos cuenta de que es un hecho probable y cierto?

Os voy a pedir que hagáis el ejercicio de empatía y os pongáis en situación.

Si hoy pasarais a depender para lo más básico de otras personas, ¿Qué sentiríais? ¿Qué pensaríais? ¿Qué haríais? Tomaros vuestro tiempo para pensar las respuestas, pero hacerlo de forma sincera, intentando sentir lo que esas circunstancias conllevarían.

A las dos primeras preguntas os puedo responder yo, pero la que marcará la diferencia a todas luces será la tercera. Las dos primeras se contestan con una sola respuesta. Miedo. Y ahora, ¿qué va a ser de mí?

A la tercera pregunta solo puede responderla uno mismo. Me permito darte un consejo basado en mi propia experiencia. Asume tu responsabilidad para con los tuyos, y para contigo mismo. No esperes a convertirte en parte de un problema probable, y anticípate siendo parte activa de una solución segura.

Si a lo dramático de una situación así le sumas una situación económica precaria, el coctel es brutal, terrorífico y devastador a nivel económico-familiar.

¿Por qué dejar margen a no hacer bien las cosas, cuando es tan fácil darle solución? ¿Por qué?

¿Por qué dar aunque sea una mínima posibilidad a que la miseria económica llegue a tu vida?

Responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad…..por y para ti. Por y para los tuyos. Tú eres la solución. No mires para otro lado.

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